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Consumo consciente: Un equilibrio sostenible

Una de las actividades cotidianas realizadas en todo el mundo es consumir e ir de compras. Pero esta actividad en la mayoría de las ocasiones es sinónimo de agotamiento. No se tienen en cuenta las repercusiones para el medio ambiente y las personas que habitan el planeta de los procesos de abastecimiento de bienes y servicios.

Asimismo, el consumo no termina en la acción de consumir. En general, sea del tipo que sea, siempre genera residuos. En Buenos Aires se producen aproximadamente 500 toneladas por día que no reciben tratamiento. Además, consumir no implica sólo comprar. También en el hogar y a través de las conductas se produce un gasto: por ejemplo, el consumo energético, el consumo de agua y el del transporte. Así, todas las actividades implican un consumo de recursos naturales, generando consecuencias sociales y ambientales en el planeta.

De acuerdo a la Declaración oficial de las Naciones Unidas con motivo de la Cumbre de la Tierra en 2002, una de “las principales causas de que continúe deteriorándose el medio ambiente mundial son las modalidades insostenibles de consumo y producción, particularmente en los países industrializados”. En este sentido la ONU hace un llamado a revisar estos modelos insostenibles, recurriendo a un consumo consciente o responsable.

“El consumo consciente revierte el concepto del consumo masivo para poder tomar decisiones a la hora de cómo utilizamos nuestros recursos, ya sean personales o del planeta. Es elegir y decidir con conciencia cómo administro mis recursos. No tiene que ver solamente con la parte económica sino con mi propia energía”, sostiene Giselle Pintado, una de las fundadoras de ConVidá Verde.

Al ser madre, Pintado se empezó a preocupar por la alimentación. “Quería saber cómo se hacen los productos, de dónde vienen y todos los detalles de su producción”, dice. Pero no encontraba la información necesaria. Entonces decidió crear la organización de la que hoy forma parte. “Creamos acciones de concientización masiva uniendo todas las programas de comunicación que tenemos. El fin de ConVidá es difundir información”, sostiene.

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“Normalmente cuando vamos a comprar un producto tenemos en cuenta que satisfaga una necesidad y que tenga un precio barato. El consumo consciente es darle a eso una dimensión ambiental y social. Es pensar que hay detrás de cada producto”, remarca Christian Tiscornia, director de Amartya.

Amartya es una organización sin fines de lucro que tiene como misión contribuir a la promoción y ejercicio de la Responsabilidad Social y la Sustentabilidad como valores esenciales para optimizar las prácticas de negocios del sector privado, influenciar políticas públicas de gobierno y fortalecer el compromiso social de la comunidad. “En todos nuestros proyectos hay articulación entre los tres sectores”, sostiene Tiscornia.

Una de las iniciativas que lleva adelante la organización es el Proyecto Consuma Dignidad. El mismo busca fortalecer a todos los productores de la economía solidaria y promover el consumo consciente entre la sociedad y particularmente los jóvenes. “Vamos a las escuelas e implementamos un programa de cuatro encuentros. En el último los chicos se convierten en agentes de cambio”, describe Tiscornia.